
Mantener seguros y secos los calentadores infrarrojos para baños
Instalar lámparas de infrarrojos en un baño no es tarea fácil. Hay vapor por todas partes, y el agua salpica casi todas las superficies. Si queremos que la lámpara tenga una clasificación IPX5 —es decir, que no se dañe cuando se moja—, no basta con cubrirla simplemente con plástico.
Es necesario tener un plan adecuado para evitar que la humedad penetre y cree conexiones entre el elemento calefactor y el chasis de la lámpara. Como bien sabemos, el agua y la electricidad son una combinación peligrosa.
La realidad de las zonas húmedas
El problema es que el agua destruye la resistencia eléctrica. En un baño húmedo, se forma condensación en el tubo de cuarzo, y esta cae directamente sobre los terminales eléctricos. Para evitar esto, utilizamos terminales herméticos y compuestos resistentes a la humedad. Pensemos en ello como una especie de escudo impermeable. Cuando el agua llega al punto de conexión, el compuesto impide que haya cortocircuitos o fallos eléctricos.
Las soluciones para lograr una buena sellado
Los conectores estándar como R7s o Sk15 no son adecuados para este propósito; causan fugas. En su lugar, utilizamos juntas reforzadas y tubos termorretráctiles con revestimientos adhesivos. Esto crea una barrera física que puede resistir chorros de agua a baja presión provenientes de cualquier dirección.
Pero hay un problema: la expansión térmica. El cuarzo se expande cuando se calienta. Si los sellos son demasiado rígidos, se agrietarán al calentarse y enfriarse la lámpara. Por eso utilizamos elastómeros a base de silicona. Son flexibles y permiten que el tubo “respire”, sin dejar entrar agua.
Los compromisos
Nada es perfecto. Al añadir todos estos sellos y cubiertas, la lámpara se vuelve más voluminosa. Además, se genera más calor alrededor de los terminales, algo que no ocurre en las lámparas industriales abiertas. Hay que encontrar un equilibrio. Si se sella demasiado bien la caja electrónica, se generará demasiado calor, y los cables internos se dañarán.
La clave está en mantener el agua fuera, pero al mismo tiempo darle a los componentes electrónicos suficiente espacio para respirar. Es un equilibrio delicado, pero es la única manera de que la lámpara funcione bien a largo plazo.