
Creando calentadores de baño que no ciegan la vista
Cuando fabricamos lámparas de infrarrojos para baños, especialmente aquellas que se utilizan cerca de bebés, el mayor problema no es el calor en sí, sino la luz.
Las lámparas normales de onda corta emiten una luz muy intensa, similar a la luz del sol. Para un recién nacido cuyos ojos están en fase de desarrollo, esa luz intensa es demasiado dañina.
Cómo lidiar con la luz intensa
Necesitamos el calor, pero no necesitamos una luz tan intensa. Para solucionarlo, ajustamos la salida espectral de la lámpara. Básicamente, utilizamos recubrimientos especiales en el vidrio de cuarzo o cambiamos el material del filamento para bloquear esos tonos azules y blancos intensos. El resultado es una luz suave y cómoda. Seguimos teniendo ese calor agradable que calienta la piel, pero la luz queda suave y segura.
Es como resolver un acertijo de física: nos centramos en las bandas de onda media y larga. Estas bandas son ideales para calentar la piel sin afectar negativamente los ojos.
Soportar la humedad
Los baños son un ambiente hostil para los dispositivos electrónicos. Debido a la humedad y al vapor, los dispositivos tienden a estropearse.
Para evitar que el vidrio se nuble o se agriete cuando la temperatura sube, utilizamos cuarzo de alta pureza. También aseguramos que los sellos de la lámpara sean herméticos. Si incluso una pequeña cantidad de humedad llega al filamento de tungsteno, toda la lámpara se dañará en cuestión de semanas.
Las compensaciones
El problema es que filtrar la luz tiene sus costos. Al bloquear esas frecuencias luminosas intensas, la lámpara no tendrá un brillo tan intenso como una bombilla halógena normal. Pero, honestamente, en un cuarto de bebés o en un baño, tener una luz muy intensa es un problema, no una ventaja.
La clave está en encontrar el equilibrio adecuado en cuanto a la potencia de la lámpara. De esa manera, la habitación permanecerá cálida, incluso con los filtros en funcionamiento.